| El 29 de diciembre de 1675,
el rey Carlos II de Inglaterra lanza una proclama
donde se decreta la supresión de las cafeterías
a partir del 10 de enero de 1676. Debido a que en
ellas se conciben y se difunden diversos
informes malintencionados y escandalosos para
difamación del gobierno de su Majestad, y para
la alteración de la paz y la quietud del reino.
Por su parte, el monarca alemán Federico El
Grande hace público su disgusto por la
popularización del consumo de café, en el
edicto en cuestión se puede tener una idea de la
indignación real: Resulta indignante notar
el aumento en la cantidad de café consumido por
mis súbditos, y la igual cantidad de dinero que,
como consecuencia, sale del país. Mi pueblo debe
beber cerveza. Su Majestad fue criado con
cerveza, lo mismo que sus antepasados. El ser humano siempre ha
tenido una relación muy particular con las
plantas que alteran o modifican de alguna manera
la vigilia (considerada como un estado de la
conciencia de entre una gran variedad), y el café
no es la excepción. Desde su implantación en
todo el mundo, al aromático brebaje le han
surgido creencias y supersticiones, prohibiciones
y calumnias. Por ejemplo, en la Rusia del siglo
XIX, su consumo estaba castigado con penas de
tortura y mutilación, como cortarle la nariz y
las orejas, al infractor.
¿Porqué ha persistido la
costumbre de beber café, a pesar de las
persecuciones? La respuesta inmediata es la
supuesta capacidad adictiva de la cafeína pero
Mark Pendergast nos da una respuesta de mayor
envergadura: El café es un estimulante
intelectual, una manera agradable de sentir que
la energía aumenta sin causar efectos negativos
evidentes. Las cafeterías permiten a la gente
reunirse y conversar, distraerse, hacer negocios,
alcanzar acuerdos, componer poesía o mostrarse
irreverente en igual medida. Y redondea
Vincent Van Gogh en una carta a su hermano Teo:
En mi cuadro del café nocturno he tratado
de expresar que el café es un sitio donde uno
puede arruinarse, volverse loco y cometer crímenes;
¡cuán lejos estamos del confort transnacional y
encapsulado de cualquier Starbucks!
La cafeína es la sustancia
responsable de la particular atracción
primigenia que ha sentido el ser humano hacia el
aromático (antes del actual énfasis en el
sabor, la calidad, etc.) y ésta, la cafeína, es
psicoactiva; es decir, tiene un efecto de
alteración en la conciencia de quien la consume
claro y discernible. Y por ello en ocasiones se
la ha considerado como droga... pero, ¿cuál es
la definición de ésta palabra? la Real Academia
de la Lengua en la 23° edición de su
diccionario, ofrece la siguiente: Droga.- (Del
árabe hispánico hatrúka; literalmente, charlatanería).
Femenino. Sustancia mineral, vegetal o animal que
se emplea en la medicina, en la industria o en
las bellas artes. 2. sustancia o preparado
medicamentoso de efecto estimulante, deprimente,
narcótico o alucinógeno. 3.medicamento.
Ciertamente una definición amplia donde tienen
cabida muchas cosas como, pinceles, el mármol,
el petróleo y la aspirina. Pero es especialmente
en sustancias con claros efectos alteradores y/o
modificadores de la vigilia donde recae la carga
negativa de los significados de la palabra.
Pese a los esfuerzos de la
Organización Internacional del Café mediante su
programa Positively Coffe, a través del cual ha
dado a conocer múltiples estudios en donde se
hace patente la conveniencia de la ingesta
habitual de café por sus efectos benéficos como
antioxidante, en la prevención de enfermedades
tales como la cirrosis hepática, los síndromes
de Alzheimer y Parkinson; aún se perciben
ciertas ideas sobre el café y la salud no del
todo adecuadas y, cosa curiosa, los cafetómanos
nos referimos a la necesidad de una
tacita en la mañana o de la adicción
al café de algún conocido. Un ejemplo,
ilustrador por hilarante es el redactado por Quim
Monzó en el año 2000 y publicado en las
revistas Vanguardia y Cáñamo. En el artículo
se expone el conflicto entre Noruega y Suecia
debido a la prohibición de la venta al público
de pastillas de cafeína pura. Es de todos
conocida la proclividad de la gente a procurar lo
expresamente restringido y los jóvenes noruegos
no son la excepción. Así las cosas emprenden un
viaje hacia el Este y en el primer pueblo sueco
se detienen para ahí adquirir todas las tabletas
de cafeína de la farmacia local para después
consumirlas en grandes cantidades durante las
juergas de fin de semana. Es interesante el fenómeno:
una sustancia legal de consumo generalizado es
prohibida, con lo cual se crea un mercado
paralelo para abastecer la demanda producida por
la prohibición. Por otro lado, ¿la juventud
sueca comparte el hábito? Todo parece indicar
que no es así, además ¿tendría el mismo
atractivo consumir una sustancia de venta al público?
La importancia social del
café es innegable, Estados Unidos de América, a
partir de la llamada Fiesta del Té, en la ciudad
de Boston, lo ha convertido es su bebida nacional
y no han sido pocos quienes lo han llamado el
combustible intelectual de ese país. A nadie le
parece raro, inusual o vicioso tomar una taza de
café en la mañana o después de una comida; por
el contrario se busca el incremento del consumo y
se impulsan nuevos mercados. Ateniéndonos a la
definición de la Real Academia de la Lengua
podemos afirmar categóricamente que el café es
una droga... lícita y de uso aceptado (hay
quienes afirman que un motivador para tomar café
es su relación con el status social).
Son muchas las plantas
cuyos compuestos son psicoactivos, el café es un
gran ejemplo por su popularidad, pero el
chocolate, los chiles, el opio, la nuez moscada,
la mariguana, el té, la coca y las lechugas son
otros ejemplos.
El café es cotidiano y
parte de la forma de vida de millones de seres
humanos, pero ha sido tan sólo un golpe de
suerte, una casualidad que el té nunca se haya
dado en suelo americano, de haberse aclimatado la
Camelia Sinensis o planta del té en nuestro
continente quizá los anglosajones protestantes
de las trece colonias no hubieran jamás
encumbrado al rey café como bebida nacional,
como su combustible, como la droga preferida del
imperio. ¿Dónde se marca la línea? ¿Las
drogas son malas? No pueden serlo: quien las
consume hace un buen o mal uso de ellas pero, ¿se
nos enseña a convivir con sustancias que alteren
la vigilia? Y no obstante cuán vivificante es
una taza del negro néctar al despertar.
Meditemos un poco en esto al momento de paladear
el próximo capuchino, en esto y en la pobreza de
las zonas productoras, en los precios de hambre
del campo cafetalero, en la esclavitud y el
despotismo practicado en algunas fincas, en las
guardias blancas y su impunidad, el colonialismo,
el narcotráfico y la explotación del hombre por
el hombre, condiciones imperantes en las prístinas
montañas y abruptas cañadas entre los trópicos.
Para cerrar con un espresso exquisito, un
fragmento de El Café, texto del
poeta peruano Nicomedes Santa Cruz:
TENGO TU MISMO COLOR Y TU
MISMA PROCEDENCIA,
SOMOS AROMA Y ESENCIA Y AMARGO ES NUESTRO SABOR...
VAMOS, HERMANOS, VALOR EL CAFÉ NOS PIDE FE,
Y CHANGÓ Y OCHÚM Y EKUÉ PIDEN UN GRITO QUE
VIBRE
POR NUESTRA AMÉRICA LIBRE, LIBRE COMO SU CAFÉ.
ESTOCOLMO, SUECIA, AGOSTO DE 1830.
FINALIZA EL EXPERIMENTO DE GUSTAVO III DE SUECIA.
Se dispuso a una comisión
de médicos, para comprobar los efectos
perniciosos del café. El Rey convencido de que
el café era una bebida toxica, eligió a dos
prisioneros condenados a muerte. Uno debía tomar
tres tazas de café al día y el otro la misma
cantidad de té. Sin embargo el experimento no
tuvo el resultado deseado, ya que los primeros en
fallecer fueron los propios médicos, a
continuación murió asesinado Gustavo III de
Suecia, en 1792 y ya por último los dos
prisioneros octogenarios. En primer lugar el
bebedor de té y en segundo el de café.
La planta del café crece
en climas tropicales, de ahí que se reconozcan
los mejores sabores de regiones cercanas al
Ecuador, como Brasil, Costa Rica, Colombia y México,
en América, así como los países de esa franja
en Asia y África, continente que produce la
especie denominada robusta. El otro tipo de
planta se denomina arábiga, y es la que más fácilmente
se adapta a las condiciones que le brindan los países
ajenos al continente negro. La altura sobre el
nivel del mar a la que se cultive, así como los
cuidados en el cultivo y el crecimiento de la
planta, repercutirán directamente en el sabor
del grano a cosechar. Al respecto, dictan los
catadores que puede haber amargo, ácido, blando,
suave, picante, fuerte o penetrante.
México se ubica como el
cuarto productor mundial detrás de Brasil,
Colombia e Indonesia-, y su calidad es reconocida
por estilos como Coatepec, cosechado en la región
de Xalapa, Coatepec, Huatusco y Cordova en el
estado de Veracruz, México; otro estilo o
calidad es el llamado Pluma Hidalgo (en Oaxaca),
entre otras variedades.
Sorbitos de verdades y
mentiras
En torno al café han
proliferado sinfín de mitos, casi todos
dirigidos a ubicarlo como generador de males
cardiacos debidos a la cafeína (uno de sus
componentes), que ciertamente acelera el ritmo de
los latidos del corazón. Sin embargo, cada vez más
estudios demuestran que en una persona sana no
hay peligro en su consumo, mientras que alguien
que padece alguna afección cardiaca o del estómago
sí puede correr algún riesgo. El mismo juicio
es empleado al considerarlo dañino para los niños,
los cuales corren los mismos peligros antes
citados.
Uno de los defensores de
las cualidades del café es el científico
brasileño Darcy Roberto Lima, quien contrario a
las apreciaciones señaladas se pronuncia a favor
de su consumo, el cual precisa, si se bebe
regularmente, previene la depresión y sus
consecuencias, como suicidio, dependencia a las
drogas y alcoholismo.
El mismo científico
carioca refiere que el café debe ser considerado
alimento que beneficia la salud y no lo opuesto.
Actualmente, en su país se promueve como parte
de los desayunos escolares para los infantes
mayores de seis años.
Investigaciones científicas
indican que el porcentaje de cafeína oscila
entre 1 y 2%, contrario a la creencia de que la
cantidad era mucho mayor. Esa pequeña porción
estimula la capacidad intelectual, pero si se
combina con ácido cloragénico (presente entre 6
y 9 %) modula el estado del humor y bloquea
notablemente la depresión. Otros elementos
presentes en el grano de café son aminoácidos,
entre 5 y 10%; azúcares, de 30 a 40%; niacina (uno
de los integrantes del complejo B), de 2 a 3%,
además, se sabe que contiene sales minerales benéficas
al organismo.
La medida limite para un
adulto es cuatro tasas en un día, y sobrepasarlo
puede acarrear algunos problemas. De manera que
un cafecito negro, un capuchino, irlandés (acompañado
de whisky), de olla (hervido con canela), e
incluso frío, es excelente motivo para compartir
la plática con algún amigo, o bien, para acompañar
la soledad. ¡Buen provecho!
Fuente: Compendio:
Victor Alejandre
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